«Una vez nos llegó esta invitación», me dice Bono. Dice la siguiente frase con un tono de reverencia: «El reverendo Billy Graham desea encontrarse con la banda y ofrecerles una bendición».

Estamos en una videoconferencia, y el líder de U2 está sentado en el suelo frente a un sofá verde, con su computadora en la mesa de café que tiene frente a él. Está atardeciendo en Dublín y el sol poniente hace resplandecer la sala. Es casi teatral. También hay brillo en sus ojos. Sabe que tiene una buena historia.

«Él es el fundador de Christianity Today», me recuerda, sonriendo. «Yo entonces no lo sabía, pero aun así quería la bendición. Y traté de convencer a la banda para que vinieran conmigo, pero por varias razones no pudieron. Había problemas de agenda, pero busqué una manera de hacerlo yo».

Esto sucedió en marzo de 2002, solo unas semanas después de que U2 hubiera hecho su actuación legendaria en el intermedio del Super Bowl y días después de que su sencillo Walk On ganara el Grammy como Grabación del Año.

«Su hijo Franklin me recogió en el aeropuerto», dice Bono, «y Franklin estaba haciendo un trabajo muy bueno con Samaritan’s Purse. Pero no estaba seguro acerca del paquete que le encargaron transportar». Se ríe. «De camino a encontrarme con su padre, no dejaba de hacerme preguntas».

Bono recrea la conversación para mí:
—Tú… ¿tú realmente amas al Señor?
—Sí.
—De acuerdo, lo amas. ¿Eres salvo?
—Sí, soy salvo.
Él no se ríe. Nada de risas.
—¿Has entregado tu vida? ¿Conoces a Jesucristo como tu salvador personal?
—Oh, conozco a Jesucristo, e intento no usarlo solo como mi salvador personal. Pero, en fin, sí.
—¿Por qué tus canciones no son… eh… canciones cristianas?
—¡Lo son!
—Oh, bueno, algunas de ellas lo son.
—¿A qué te refieres?
—Bueno, ¿por qué entonces… por qué no sabemos que son canciones cristianas?
Yo dije:
—Todas vienen del mismo lugar, Franklin. Mira a tu alrededor. Mira la creación, los árboles, el cielo, todas esas colinas verdes. No tienen una señal que diga «Adoro al Señor» o «Pertenezco a Jesús». Solamente le dan gloria a Jesús.

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Durante cuatro décadas Bono se ha encontrado con conversaciones como esta, respondiendo a cristianos que no estaban demasiado seguros de qué hacer con él o con U2.

El ascenso de la banda a la fama coincidió con el surgimiento de la música cristiana contemporánea, que para 1980 —cuando U2 lanzó su primer álbum, Boy— ya se había hecho popular. Artistas jóvenes con una fe sincera y rostros dulces (a menudo hermosos) se comercializaban para padres e hijos que buscaban música que fuera «segura para toda la familia».

El éxito en la nueva industria era una espada de doble filo. Los sellos discográficos necesitaban bandas que pudieran tocar en un culto de iglesia y vendieran álbumes en las tiendas cristianas, por lo que, además de tener talento y carisma, se esperaba de los artistas de la música cristiana que mantuvieran una imagen impecable y llenaran sus canciones de letras abiertamente cristianas. Algunos músicos bromean refiriéndose a esto como el cociente «JPM» de la música cristiana: el recuento de «Jesús por minuto» en una canción.

U2 evolucionó fuera de este ecosistema, y en la década de 1990 se había convertido en una de las bandas más grandes del mundo. Sus letras estaban repletas de imágenes cristianas, lenguaje bíblico y anhelo espiritual, pero igual que de sexo, poder y política.

«Se formaron cinco años antes del debut de la MTV y fueron fieles a sus tendencias postpunk», me dice el músico Steve Taylor. «Evitaron que su música fuera opacada por una imagen de banda demasiado refinada o por trucos de mercadotecnia».

Taylor fue un «extraño» dentro de la música cristiana entre la década de los ochenta y los noventa, bordeando los límites de lo aceptable con música satírica, y música postpunk vanguardista y alternativa. Él a menudo criticaba las hipocresías de sus compañeros de viaje evangélicos.

«La música cristiana eligió la imagen y la mercadotecnia por encima de la sustancia, convirtiéndose finalmente en una camisa de fuerza que recompensaba el común denominador más bajo del pensamiento y el arte. Así que, si la industria de la música cristiana tenía sospechas de U2, estoy seguro de que debía ser algo mutuo», dice Taylor. «No era así para los artistas que yo conocía», añade. «U2 eran nuestros Beatles».

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Bono en un concierto de U2 en 2011
Image: AP

Bono en un concierto de U2 en 2011

«En la historia de tus orígenes», le digo a Bono, «pareciera que eras perseguido por fantasmas».

Él se ríe. «¿Es en Cuatro cuartetos de T. S. Elliot…?», pregunta, «¿lo de “En mi fin está mi principio”?».

Estamos hablando de Surrender: 40 Songs, One Story, el libro de memorias de Bono de casi 600 páginas al que faltaban solo unas semanas para su lanzamiento en noviembre.

«1974 me quitó a mi madre, pero me dio mucho a cambio», me cuenta Bono.

«Mi madre se desplomó mientras el padre de ella estaba siendo enterrado, y nunca volví a hablar con ella», añade. «La vi unos días después en la cama del hospital donde dio su último suspiro. Fue… digo… yo sé que la gente ha pasado por cosas mucho peores», me dice mientras relata algunos de los horrores que presenció trabajando con las personas más pobres y vulnerables de la tierra.

«Pero, sí», continúa Bono, «la muerte es un balde de agua fría para un chico que acaba de entrar en la pubertad. T. S. Elliot tiene razón, el final es donde comenzamos. A menudo comienzas a meditar sobre la vida en esa clase de momentos. Me refiero a que todos nos negamos a aceptar esto la mayor parte de nuestra vida».

Surrender es una amplia confrontación con la negación de la muerte, comenzando por un susto cardiaco en 2016 que casi lo mata. Pero la muerte de su madre es la que se mantiene presente a lo largo de la historia: su ausencia en el hogar y su presencia en el corazón y la imaginación de Bono durante cinco décadas desde entonces.

Antes de ser Bono, él solía ser Paul Hewson, hijo de Bob e Iris Hewson. Bob era católico, un fanático de la ópera y un hombre cuya cara angulosa insinuaba los bordes afilados de su conducta. Iris era protestante, pícara, cálida y propensa a la risa incontrolable en momentos inapropiados: como durante la representación de una ópera o cuando Bob accionó un taladro sobre su entrepierna y pensó que se había hecho un daño irreparable. (No le pasó nada).

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Los padres de Bono, Bob e Iris Hewson.
Image: Cortesía de Hewson Family Archive

Los padres de Bono, Bob e Iris Hewson.

Bono tenía catorce años cuando ella murió. Su ausencia llenó el hogar de los Hewson, intensificando la distancia que él ya sentía con su padre.

«Hay pocas maneras de convertir a un niño pequeño en un cantante capaz de llenar estadios. Puedes decirle que es maravilloso… o simplemente puedes ignorarlo. Puede que eso sea más eficaz», escribe en Surrender.

«Las heridas que la pérdida abrió en mi vida se convirtieron en esa clase de vacío que yo llené con música y amigos», me cuenta Bono. «Y, en realidad, una “fe cada vez mayor”», añade con una gran sonrisa, «como diría el evangelista galés Smith Wigglesworth».

El amigo que lo renombró como «Bono» le presentó la clase de cristianismo que ha moldeado su vida. Derek Rowen, conocido como «Guggi», tenía la manía de poner apodos a todo el mundo, y la mayoría de los niños que pasaron por su grupo de amigos consiguieron un nombre nuevo en algún momento. (Uno de ellos, David Evans, consiguió el mote de «the Edge» por sus marcados rasgos galeses. Ese también perduró).

Bono escribe: «Guggi me presentó la idea de que era posible que Dios estuviese interesado en los detalles de nuestras vidas, un concepto que me acompañó durante mi infancia. Y mi adultez».

En las iglesias y las reuniones de oración a las que asistió, Bono encontró dirección y un nombre que añadir a lo que él llamó una idea innata de la divinidad, pero «incipiente y sin forma». Le llegó hasta la médula, y todavía lo hace. Escribe:

La Biblia me mantuvo cautivo. Las palabras salían de las páginas y me seguían a casa. Encontré algo más que poesía en aquel texto de la King James con letra gótica. (…) Siempre fui uno de los primeros cuando había un llamado a acercarse al altar, un momento de «ven a Jesús». Todavía lo soy. Si estuviera en un café ahora mismo y alguien dijera: «Levántense si están dispuestos a entregar su vida a Jesús», yo sería el primero en ponerme en pie. Llevaba a Jesús conmigo donde quiera que iba, y sigo haciéndolo.

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La muerte de Iris Hewson no fue el único suceso trascendental de 1974. Cuatro meses antes de que ella cayera de golpe al suelo, tres autos bomba explotaron en Dublín y un cuarto en Monaghan, matando a 33 personas e hiriendo a más de 300.

Uno de ellos explotó junto a Dolphin Discs, una tienda de discos que era el lugar de reunión habitual para Bono después de la escuela, pero él no estaba allí. Una huelga de autobuses aquel mismo día hizo que ese día fuera y regresara de la escuela en bicicleta, y ya estaba en casa cuando explotaron las bombas. Escribe: «Aquel día no esquivé una bala: esquivé una carnicería».

Los atentados de Dublín en 1974.
Image: Getty

Los atentados de Dublín en 1974.

Pasaron dos años. Para Bono, fueron dos años de interiorizar el trauma, el dolor y el duelo. Entonces, en 1976, Larry Mullen Jr. colgó un cartel en el muro de su escuela: «Baterista busca músicos para formar una banda». Entre los que respondieron a la llamada estaban Bono, the Edge y Adam Clayton.

U2 es parte de la era musical del postpunk y surgieron junto a bandas como The Clash, Stiff Little Fingers y los Sex Pistols. El postpunk evolucionó desde la fuerza contundente de predecesores como los Ramones, pero el sonido era más dinámico y las canciones más compuestas. Fue una época en la que el espíritu rebelde del rock and roll se volvió más político, más indignado con la hipocresía de las élites y los abusos de los poderosos.

Sin embargo, mientras sus contemporáneos se deleitaban en el cinismo y cantaban sobre «no tener razón» o «no tener futuro», U2 cantaba lamentos. U2 clamaba un «How long?» [¿Hasta cuándo?] y un «We could be as one» [Podríamos ser como uno] llenos de lamento. La banda era más profeta que disidente, con plena consciencia de que debajo de la sensación de injusticia estaba la esperanza de la restauración.

Le pregunto a Bono por ese contraste. «Ni siquiera los hilos más oscuros de sus letras», le digo, «suenan a desesperación. Suenan a lamento. Y debajo del lamento, siempre hay cierta clase de esperanza. La música punk es el sonido de la rebeldía. Tienes todo este trauma en tu pasado, esta sensación de pérdida. Parece como si la esperanza misma fuera un acto de rebeldía en tu mundo en ese momento».

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Él lo piensa un momento y repite una frase. «Detrás del lamento acecha la esperanza. Sí, el duelo se convierte en una especie de invocación, ¿no? Una oración que espera respuesta». Se ríe. «Sí, oraciones de punk rock. Probablemente eso es lo que eran».

«Fue una época increíble, el punk rock», dice él. «Realmente me inspiró. Supongo que aquello contra lo que nos rebelábamos en U2 era algo un poco más elíptico, quizá más difícil de seguir para algunos, pero nos estábamos rebelando contra nosotros mismos».

«Tenía una Biblia, y recuerdo que subrayé Efesios 6: Porque nuestra lucha no es contra seres humanos, sino contra poderes, contra autoridades. Por lo tanto, pónganse toda la armadura de Dios, el cinturón de la verdad, la coraza de justicia, y calzados con la disposición de proclamar el evangelio de la paz. (…) Me impresionó muchísimo. Y, con 18 o 19 años pensé: Esta es la auténtica lucha que está sucediendo. El resto es solo una expresión de ello. Y, de paso, no pensaba que la gente religiosa comprendiera sus propias Escrituras porque a menudo utilizaban su religión —o al menos, ciertamente lo hacían en Irlanda— como un club para suprimir a los demás. Me refiero a católicos y protestantes… es bastante ridículo, si lo piensas. Sí, escogimos una lucha más interesante».

Se reacomoda y se ríe. «Si le permites a este cantante de rock irlandés ser sincero y citar sus propias letras, hay una canción en No Line on the Horizon llamada “Cedars of Lebanon”, y creo que dice: “Elige a tus enemigos con cuidado porque ellos te definirán. Haz que sean interesantes porque, de algún modo, te importarán”. Y continúa: “No estaban ahí en el principio, pero sí cuando tu historia termine. Permanecerán junto a ti más que tus amigos”. Creo que lo que U2 probablemente entendió correctamente es que nosotros simplemente… escogimos una lucha con un enemigo mucho más interesante que el más obvio para el punk rock».

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Me recordó a algo que Bono dijo una vez en una entrevista con David Fricke para Rolling Stone [enlaces en inglés]. Fricke estaba cubriendo el tour de U2 de 1992 por su álbum Achtung Baby, en el cual la banda se entregaba a un glam autoparódico, salvaje y absurdo. Al comentarle sobre la contradicción de criticar los excesos del rock and roll mientras también se entregaban a ellos, Bono dijo: «Búrlate del diablo y huirá de ti».

Bono, a la derecha, con los miembros de la banda y unos amigos en 1979.
Image: Fotografía por Patrick Brocklebank.

Bono, a la derecha, con los miembros de la banda y unos amigos en 1979.

Después del lanzamiento de su primera grabación, U2 llegó a una encrucijada. «Estaban totalmente convencidos de que de verdad estábamos en el mal camino», dice Bono, describiendo a los líderes de la unida comunidad cristiana de la que eran parte en Dublín. Ellos presionaron muchísimo a la banda, convencidos de que seguir el llamado de Dios significaba dejar la música y centrarse en el evangelismo y en la vida de iglesia en Dublín.

The Edge abandonó. Bono no podía imaginar U2 sin él, así que también se fue. Larry lo comprendió. Adam no lo hizo, pero no tenía ganas de iniciar una pelea. Condujeron a casa de su manager, Paul McGuinness, y le dijeron que U2 se había terminado. Bono describe la escena en Surrender:

—¿Debo deducir de esto que han estado hablando con Dios? —preguntó él.
—Pensamos que es la voluntad de Dios —respondimos con seriedad.
—Entonces, ¿ustedes pueden simplemente llamar a Dios?
—Sí —dijimos.
—Bien, entonces quizá la próxima vez le puedan preguntar a Dios si está bien que su representante en la tierra rompa un acuerdo legal.
—¿Cómo, perdón?
—¿Creen que Dios les haría romper un acuerdo legal?… ¿Cómo es posible que este Dios de ustedes quiera que rompan la ley y no cumplan con su responsabilidad de realizar este tour? ¿Qué clase de Dios es ese?
Buen punto. Es poco probable que Dios quiera que quebrantemos la ley.

Esa conversación fue un punto de inflexión. Sin darse cuenta, McGuinness les había dado el permiso que necesitaban para vivir en la tensión de estar en el mundo, pero no ser parte de él. Bono escribe: «Como artistas, poco a poco descubrimos la paradoja y la idea de que no se nos exige resolver todo impulso contradictorio».

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«Su trabajo siempre es “sí, y”», me cuenta Sandra McCracken. Como artista, McCracken lleva la música a santuarios de iglesia y a bares malolientes: algo que habría sido inimaginable para muchos músicos cristianos de la generación anterior. Bono mostró cómo se podía ser un artista cristiano y vivir en esos espacios liminares, dejando que el amor y la imaginación los guiaran para hacer la música en la que ellos creían, antes de nada.

«Es como si él sangrara periódicos y Escrituras por igual. No hay distinción, él vive con ambos frente a él», dice McCracken. «Y eso me cautivaba mucho. Me recuerda a las mejores conversaciones que intentas mantener con tus hijos. Sabes que algo ha cautivado su atención y preguntas: “¿Qué es lo que más te gusta de esto?”. Hay cierta generosidad en ello».

Es febrero de 2002. El primer Super Bowl después del 11 de septiembre ha sido un escaparate continuo de banderas estadounidenses, himnos y antiguos presidentes. Pero son los cuatro irlandeses de U2 los que suben al escenario en el intermedio.

Es difícil imaginar a otra banda o artista tan capaz de comunicarse con la ansiedad que bullía en la mente estadounidense después del 11 de septiembre. En las dos décadas desde el lanzamiento de su primer álbum, sus oraciones de punk rock los habían convertido en testigos creíbles de la presencia de Dios y de la esperanza de justicia en un mundo oscuro.

Cuando comenzó la música, the Edge tocaba la Gibson Explorer que compró en Nueva York cuando era niño. Bono apareció en medio de la multitud, cantando:

The heart is a bloom,
Shoots up from the stony ground.

Makoto Fujimora, el pintor y autor de Art and Faith: A Theology of Making, ha descrito la «guerra cultural» como una mentalidad polarizada que ve la cultura como un territorio a dominar en vez de como un espacio común que los cristianos comparten con su prójimo. En vez de un juego de suma cero, nos invita a una postura de «cuidado de la cultura» y de «creatividad generativa»: crear y colaborar para traer belleza y sanidad a un mundo roto.

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«Requiere cierta clase de valentía ponerse en pie en medio de la devastación y no volverse cínico», me cuenta. «Dada la historia de Bono, tiene sentido que él quisiera expresar “Shalom” sobre el sufrimiento del mundo».

Durante el espectáculo de medio tiempo, «Shalom» sonaba mucho como «It’s a beautiful day».

Bono actuando con U2 durante el intermedio del Super Bowl XXXVI en 2002.
Image: Getty / Michael Caulfield

Bono actuando con U2 durante el intermedio del Super Bowl XXXVI en 2002.

Es fácil olvidar el impacto del 11 de septiembre y la ansiedad que provocó en el mundo occidental. Cuando experimentamos esa clase de violencia, necesitamos testigos proféticos que no solo vuelvan a prender el fuego de nuestra valentía y esperanza, sino que también nos enseñen a lamentarnos.

Cuando U2 comenzó su segunda canción, un telón negro se alzó detrás de ellos, con los nombres de las víctimas del atentado proyectándose hacia el cielo. The Edge comenzó los conocidos repiques percusivos de «Where the Streets Have No Name» y Bono oró el Salmo 51:15: «Abre, Señor, mis labios, y mi boca proclamará tu alabanza». Toda la banda arrancó la canción al unísono y Bono clamó: «¡América!», ofreciendo un gran alarido que sonó como algo entre un grito primitivo y un aleluya.

«Los artistas tienen que aprender a ponerse en pie desde las cenizas de la zona de impacto y creer que aún tienen una nueva misión y una nueva canción», me dice Fujimura. «Eso significa prestar atención a todo, lo bueno y lo malo. (…) Para alguien como Bono y U2, sus experiencias de trauma los capacitaron para escuchar un llamado. Para prestar atención a los arbustos en llamas —esos lugares donde Dios está hablando— y compartir lo que ven y escuchan con el mundo».

«Where the Streets Have No Name» es un lamento, una oración por la unidad que trasciende las divisiones de raza, clase y nación. Cuando la canción terminó, Bono abrió su chaqueta y reveló las barras y estrellas cosidas en su forro: un símbolo más de solidaridad.

Más tarde Bono la describió como una noche de «alegría desafiante». Es una descripción que encaja no solo con aquella noche, sino con todo su singular testimonio.

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Con demasiada frecuencia, los artistas cristianos se enfrentan a códigos no escritos: temas que evitar, una autoimagen que proyectar, mensajes que embutir en sus proyectos, personas a las que no ofender y políticos a los que apoyar o evitar. Pocas cosas son más venenosas para la creatividad que esa clase de dogmatismo.

La respuesta de U2 a esas confrontaciones ha sido aceptar la paradoja y la contradicción de vivir en un espacio intermedio. A algunos les ha llevado a sugerir que son demasiado cristianos para el mainstream y demasiado mainstream para los cristianos. Me sorprende que este marco esté tan equivocado. Vivir en ese espacio de transición les ha capacitado mejor para hablar a ambas comunidades. Les dio la oportunidad aquella noche de 2002 de ofrecer el don del duelo y la esperanza a un mundo que observaba.

Bono también se encontró a sí mismo frente a estas divisiones de una manera distinta. A finales de siglo se involucró en una campaña para cancelar la deuda de los países en desarrollo llamada Jubilee 2000. El éxito de aquella campaña y la exposición que le dio a la epidemia de VIH/SIDA en África inspiró un nivel de compromiso mucho mayor en el trabajo de los activistas, y finalmente llevó a la fundación de la campaña ONE: que incluía un esfuerzo descomunal para proporcionar medicación antiviral al continente.

Para que la campaña tuviera éxito, necesitaba la participación de políticos conservadores y líderes evangélicos, pero los datos de las encuestas sugerían que los cristianos evangélicos tenían muy poco interés por ayudar a las víctimas del SIDA, incluidos los huérfanos. Bono llevó la iniciativa para construir puentes con políticos con los que nunca se hubiera imaginado compartir mesa. Escribe: «Estaba empezando a ver que la Biblia era una puerta por la que podía pasar con personas que de otro modo no se moverían».

«No son cuestiones partidistas», me dice Michael Gerson. Él fue escritor de discursos y ayudante político en la administración de George W. Bush y trabajó con la campaña ONE en los siguientes años. «Bono encontró un terreno común con otras personas debido a su convicción de la dignidad humana, que tenía su base en la Biblia».

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Así fue como Bono llegó a encontrarse en una situación en la que estaban orando por él en la oficina del senador Jesse Helms (quien fue una de las fuentes de inspiración —y no de buena manera— para la canción contra la guerra «Bullet the Blue Sky». Es difícil imaginarse a un político con perspectivas más diametralmente opuestas a las de Bono. Helms había llamado al SIDA la «enfermedad gay» y se había opuesto a las leyes por los derechos civiles durante décadas. «Y aquí estaba él», escribe Bono, «poniendo su mano sobre mi cabeza».

Helms estaba orando por él.

«Tenía lágrimas en los ojos y más tarde se arrepintió públicamente del modo en que había hablado del SIDA en el pasado. Tuvo un impacto tremendo tanto en la izquierda como en la derecha. Fue la analogía de la lepra de la Biblia lo que le conmovió. Él tenía que seguir a Jesús allí».

Durante toda la administración Bush, Bono y otras personas de la campaña ONE construyeron un puente tras otro, dando como resultado que más de cien mil millones de dólares de los contribuyentes fueran asignados a la prevención de la transmisión del VIH y para brindar tratamiento.

«Lo que hizo que Estados Unidos cambiara de rumbo», me cuenta Bono, «lo que ayudó a inspirar al presidente conservador de los Estados Unidos en la lucha contra el VIH/SIDA y conducir al mundo en lo que fue la intervención más grande y extensa de la historia de la medicina, fueron los cristianos conservadores».

Le digo que estoy fascinado por esta historia, especialmente en estos tiempos de polarización.

«Yo me defino como de “centro radical”», dice. «Todos tenemos que cuidarnos mucho de tener nuestra fe secuestrada por la política».

Si el lamento esperanzado era un acto de rebeldía en 1981, cuando salió Boy, quizá identificarse como centro radical es el equivalente al punk rock en 2022.

«No creo que debamos permitirnos entrar en esta visión binaria del mundo entre lo progresista y lo conservador. Creo que es muy divisivo», dice. «Encontraremos un terreno común si intentamos llegar a un lugar más alto».

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«Tenemos que conseguir llegar a un lugar de sabiduría», continúa Bono. «Y yo predigo un avivamiento». De hecho, él predice que las iglesias, de varias denominaciones «serán llenadas en vez de vaciadas. Pero depende de cómo se utilicen. Tenemos que esperar que la gente viva su fe, en vez de tan solo predicarla. Tenemos que predicar. Si eres un predicador, predica. Pero si no puedes vivirlo, entonces detente».

Cuando al principio visualicé cómo entrevistar a Bono, me encontré con que la escala y el alcance de su vida era bastante sobrecogedor. No solo es una de las mayores estrellas de rock del mundo: es uno de los activistas más visibles y eficaces. Y, por supuesto, al leer Surrender, me sorprendió cómo su extraordinaria vida también estaba llena de las complejidades comunes de nuestra experiencia humana: amor, pérdida, duelo, gracia, trauma y redención.

«Quería explicarle a mi familia, mis amigos y fans qué he estado haciendo con mi vida», dice Bono acerca de Surrender. «También quería explicarle a mi familia lo que he hecho con sus vidas. Fueron ellos los que me permitieron salir, ya fuera con el circo ambulante que era U2 o mi activismo. Solo quería que ellos…». Hace una larga pausa. «Quería que ellos entendieran lo que estuve haciendo con mi vida».

Como alguien que ha pasado la mayor parte de su vida identificándose con el carácter espiritual de las letras de Bono, creo que tiene mucho sentido que Bono escribiera una libro de memorias de corte espiritual. Es un género que seguramente San Agustín no inventó, pero para el que fijó el estándar en Confesiones. Las expresiones de deseo, arrepentimiento y esperanza de San Agustín resuenan hasta el día de hoy porque reflexionan acerca de la experiencia de cada alma que se permite a sí misma sentir anhelo por Dios. La oración más famosa de San Agustín: «Nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti» suena muy parecido al verso de U2: «I still haven’t found what I’m looking for» [Aún no he encontrado lo que estaba buscando].

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Incluso en las páginas finales de Surrender Bono se identifica como un peregrino, no un sabio: alguien que sigue en la búsqueda. Cuenta una historia de un día que vio a su hijo tocando con su banda, Inhaler, y la conversación que tuvieron después. Bono le dijo: «Ser tú mismo es lo más difícil, y es fácil para ti. Ni una sola vez he sido yo mismo».

Le digo a Bono que esa línea realmente me sorprendió.

«La palabra surrender [rendirse] me sigue pareciendo fuera de mi alcance. A mí probablemente me falte la “integración” que se esperaría de una persona que ha sido sanada por su fe. Tengo alegría. Tengo algunas perspectivas, muchas de ellas. Pero de lo que estoy hablando es de estar cómodo conmigo mismo», dice.

«Ya sabes, lo de U2 en los escenarios… es muy grande», dice. «Realmente tenemos que prepararnos antes de salir al escenario. Tenemos que orar unos por otros. Y es como: “Venga, muchachos. Solo es un espectáculo de rock and roll. No es tan grave”. Pero no podemos hacerlo sin eso. Apenas ayer estuve hablando en mi escuela secundaria, a los alumnos de sexto. Les leía mi libro. Estaba muy nervioso».

Da un largo suspiro. «Pero te diré que, en lo profundo, hay un ancla», dice. «Estoy agarrado a la roca, y esa roca es Jesús».

Mike Cosper es director de CT Media.

Traducción por Noa Alarcón.

Edición en español por Livia Giselle Seidel.

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